lunes, 20 de noviembre de 2017

Fellina, contundencia italiana

Fellina es un italiano de verdad, ya no sólo por la comida, sino por los aires mediterráneos que le envuelve. Buen producto, el pan, los tarros, las flores, ese olor, un buen parmesano, esos manteles de cuadros vichy...un lugar cuanto menos apetecible.








Nada más aposentar nuestras posaderas, nos trajeron mortadela siciliana que hacía mil años que no tomaba, pero años, con un poco de queso.

¿Qué tomamos? Vitello tonnato (ternera con alcaparras la mar de contundente). Soy muy amigo de las alcaparras, se lo pondría a todo. Unas berenjenas a la parmesana, plato top y la mar de contundente (después date un par de paseos para quemarlo), y unos huevos camperos con tomate y trufa que nunca fallan.








Espérate que lo heavy biene ahora. Unos carbonara que Esteban nos hizo en el momento. Unos espagueti carbonara de verdad, ricos ricos y con el punto de la pasta...en su punto y acompañados de papada de cerdo y pecorino, ¡como debe ser!
Continuamos con unos tortelloni rellenos de foie (madre mía que sabor), y trufa...el olor ya era de llorar. Si me algo me sorprendió es la contundencia de los platos.






Y no sólo la contundencia de los platos, sino que muchos los hacen en el momento delante de ti...eso da confianza y quieras que no, es un atractivo añadido. Muchos éxitos seguro, y no sólo por mis deseos, sino por lo que he oido por ahí,  toda la gente que ha ido (o he conseguido engañar jajaja), les ha encantado. ¡Bravo!

Situado en C/ Carranza 21, Madrid 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Ataclub, caza menor al plato

Cuando vas a un restaurante con una gran mantelería blanca, velas y escasa decoración, es que ese sitio es de fiar (como digo yo). Me encanta los sitios donde "lo bien almidonado" es parte de su estructura y esquema, y como base el blanco...para mi es sinónimo de perfección, no se necesita nada más.

Venga va, llámame pijo, pero con tanto ladrillo visto, el decapamiento de las mesas y los estampados tribales en los cojines, ver una mesa blanca impoluta se echa de menos por Madrid. 










Mesa redonda para todos los que fuimos, ¡eso sí que es una suerte! Empezamos moviendo el bigote con un buen tomate, pero rápidamente pasamos a tomar foie gras mi-cuit de pato con chutney de piña y brioche de cacao. Amantes del pan, estad atentos porque todos, absolutamente todos los panes los hacen ellos y con los ingredientes que les parece, según se hayan levantado ese día. Innovadores cuanto menos.






Quizás es un tipo de carne que no comamos habitualmente, me refiero a la carne de ciertos "pajaritos" como la codorniz, perdiz...por eso cuando llega una lasaña de faisán se te hace la boca agua. Sabroso con bien de verduras, un plato diferente y que si me apuras a una temperatura templada sabe mejor.








Bueno, si con esto no es suficiente, continuamos con los "segundos". Tataki de atún rojo macerado al vermut, la salsa distinta a lo habitual y que casaba muy bien con el plato. Un steak tartar acompañado de un pan crujiente, y el tercer plato que era muslo de pintada con escabeche de pera. Otro pajarito rico rico, ¡como estaba la pintada!




Tengo que decir en mi defensa que todos los platos eran para compartir, y que de postre simplemente probé una cucharada, los que me conocéis sabéis que no soy nada goloso. Bocaditos de calabaza y mermelada de membrillo y una rosa hojaldrada de manzana, ¡de órdago!, pero creo que me voy a agenciar un compañero goloso que pueda disfrutar por mi de estos placeres dulces.

Situado en C/ Velázquez 150, Madrid  

viernes, 10 de noviembre de 2017

Solar de Samaniego, beber entre líneas

A finales de octubre, en un viaje relámpago a Laguardia, descubrimos las bodegas de Solar de Samaniego. Había oido hablar de ellas, pero hasta que no las ves en directo no sabes de lo que te hablan.

Un día soleado, muy apetecible donde estar en la terraza de un hotel de Laguardia tomando un buen vino y conversando con el resto de periodistas...esto mola, los que me conocéis ya sabéis lo disfrutón que soy.






Tras una comida de picoteo donde rajamos hasta por los codos, decidí descansar un poco y salir a correr. Así soy de friki, me llevé la pantaloneta (como dicen por el norte) y corrí entre viñedos cual Forrest Gump, y la verdad que es una maravilla porque el tiempo que hacía era inmejorable.
Un poco de spa para quedarme atontado, ducha rápida y a las bodejas Solar de Samaniego, donde nos esperaba la entrega de premios de novela, que este año recayó en Rafael Reig.








¡Qué decir de la bodega! Un espacio decorado por Lázaro Rosa-Violán (conocido decorador por hacer obras como Amazónico en Madrid) y con unos inmensos graffitis en los depósitos de vino obra de Guido Van Helten. Un espacio apetecible, frío y cálido a la vez por los libros y por la biblioteca que contiene. Te apetece estar allí sólo, leyendo, y con una copa de tinto en la mano mientras escuchas el silencio en toda esa inmensidad.

Me estoy poniendo intenso, lo sé. Simplemente recomiendo que la vayáis a ver y también que os déis un buen paseo por Laguardia, además ahora con el frío apetece más.   

lunes, 6 de noviembre de 2017

Sargo, Galicia en el centro de Madrid

Con el comienzo del otoño (el otoño real), fui a probar Sargo. Un restaurante luminoso, con una decoración cargada de plantas y buena tapicería. El sitio apetece y más si te dicen que la base de todo es la cocina gallega, la cocina de verdad, pero con un toque...no sé como definirlo, ¿divertido?, ¿cuisine?, ¿moderno?...la comida gallega siempre se ha preocupado por el producto pero poco por la presentación, no lo necesitan, pero aquí la presentación y la combinación de ingredientes sí importa.












Sólo con los "entrantes" nos pusimos las botas. Y es que que todo el producto venga de Pescaderías Coruñesas te hace el culo gaseosa porque lo que allí venden es oro gallego con aletas y escamas.
Tomamos unas ostras y zamburiñas hechas en horno josper (mamá, necesito uno y creo que me lo voy a pedir por reyes), que le dan ese toque ahumado...buf que delicia. Continuamos con unos canelones de txangurro la mar de sanos y ligeros y después unas puntillitas con ajos tiernos muy contundentes con unas habitas. La salsa estaba muy sabrosa.






De segundo, sargo a la brasa con verduras al wok, ¡josper ven a mi! De carne, entrecot de vaca vieja con un tomate ahumado...¡ay madre mía lo que cambian los alimentos! La carne muy apetecible, pero en serio, el tema de ahumar los alimentos lo de otro rollo completamente diferente.




De postre tomamos algo de melocotón si no recuerdo mal...pero os seré sincero, le presté poca atención al postre porque deseaba que lo metiesen por el horno a darle un toque ahumado.

Situado en C/ General Díaz Porlier 57, Madrid