viernes, 10 de junio de 2016

Hotel de la Playa, el mar a 3 horas de Madrid

El fin de semana pasado, hice un parón de 2 días en mi jornada laboral y me planté en Valencia, laboral porque últimamente mis jornadas duran 7 días, y es que el verano ya está aquí. Esto que necesitas salir de la ciudad, del asfalto, olvidarte de los pacientes (desde el cariño chicos) y pensar sólo en pisar arena, chapotear en agua salada y pasear escuchando el mar.
Pues iba con esas espectativas, pero el Hotel de la Playa las superó con creces. Este coqueto hotel boutique que cuenta con tan sólo 12 habitaciones, es un lugar donde puedes desconectar, descansar, ver el mar y comer bien, muy bien, y eso es culpa de Susana Briva, la jefa de cocina.






La habitación no podía estar mejor. La habitación que a mi me gusta. Blanca impoluta, mucha luz, prácticamente nada de decoración (el mar, pero eso está permitido), cama gigantesca con grandes cojines y perfectamente planchada y estirada...un placer la verdad. Y con una gran bañera de burbujas en la mitad de la habitación, perfecto para darte un buen baño de sales nada más subir de la playa, y claro, acostumbrado a mi minibañera donde sólo me entra un pie, para mi esto es una auténtica piscina.






Masusa (como la llaman cariñosamente), nos preparó una cena de lo más apetecible, unos huevos con trufa, una buenísima y suave merluza en tempura, o por ejemplo esta carne jugosa de vaca con un acompañamiento muy saludable y colorido, y es que es de agradecer tanta verdura en un plato tan potente y además que venga ya cortada.






Desayuno de campeones para antes de ir a la playa. Allí no se cortan un pelo, un buen bocadillo de tortilla de beicon, ¡que para algo soy deportista! Lo mejor es desayunar en la terraza viendo el mar, oliendo el mar y casi saboreándolo. Por cierto, Happy (el akita que guarda el hotel), nos acompañó mientras se tumbaba a nuestro lado. Happy es una figura muy importante del hotel, incluso más que Margarita, la dueña.






Subir de la playa y un arroz a banda preparado. Un arroz a banda que comimos directamente de la paellera (perdonadme valencianos, pero sé que este recipiente tiene otro nombre más técnico pero no recuerdo bien).
Socarret incluido, y un alioli que se nos quedó escaso por mojar tanto pan en él.










Y ya que estamos en Valencia, pues vamos a alimentarnos de arroz todos los días. Esta vez tras unos aperitivos de unos sencillos calamares a la romana (con un rebozado fino y suave) y un calamar a la playa con sus verduras, nos metimos entre pecho y espalda un arroz caldoso de marisco y setas. Un sabor potente, sabroso, buen caldo y buenos productos, pero yo si me tengo que quedar con alguno, prefiero el a banda por el socarret, el rascar me vuelve de al revés.




Y foto para el recuerdo. No me apetecía nada irme porque para desconectar un par de días es el lugar idóneo. Esta cerca de Madrid y guarda un encanto que no te lo da ningún otro lugar masificado. Una buena medicina tanto por dentro (el estómago es importante), como por fuera.

Se encuentra en Passeig Colón 1, Playa Pobla Farnals, Valencia

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